THE BODY, A GUIDE FOR OCCUPANTS. BILL BRYSON.

Hoy os traigo otra lectura curiosa, o por lo menos a mí me lo parece, que toca de refilón EL MONOTEMA, pero no va solo del susodicho. Es un libro sobre el cuerpo, para que quienes tenemos uno, lo entendamos y lo disfrutemos. El autor dirige su mirada hacia adentro, y nos enseña cómo funciona el cuerpo humano, qué cosas pueden ir mal, y cómo nuestro cuerpo tiene la impresionante capacidad de curarse a sí mismo. Se trata de una mirada de asombro que logra implicar al lector en esta especie de “manual de una misma” que atrapa de principio a fin.

Me llamó especialmente la atención, en el capítulo sobre la concepción y el nacimiento, una teoría que hasta ahora desconocía, y que el autor explica muy bien. Voy a tratar de contarla por aquí, a ver si no me dejo nada.

En 1986 David Barker, físico y epidemiólogo de la Universidad de Southampton, promulga una hipótesis, la Teoría del Origen Fetal de la Enfermedad Adulta, en la que viene a decir que lo que sucede en el útero materno puede determinar la salud y el bienestar del resto de la vida del individuo. Explica que cada órgano pasa por un período de tiempo, normalmente muy breve, en el que se desarrolla. Esto sucede en momentos diferentes para los diferentes órganos. Según Baker, después del nacimiento, solo el hígado, el cerebro y el sistema inmune conservan su plasticidad.

Pues bien, para la mayoría de los autores, a día de hoy, este período de vulnerabilidad se extiende desde el momento de la concepción hasta el segundo cumpleaños del niño, lo que se conoce como los primeros mil días. Esto significa que  lo que te sucede en este relativamente corto período de tu vida, puede influir poderosamente en tu bienestar varias décadas después.

Ahora es cuando viene lo bueno. O lo malo, según se vea. El caso es que hacia 1944 en los Países Bajos se estudió una situación que sirve de ejemplo de esta teoría. En el invierno de ese año, cuando la Alemania nazi bloqueó el paso de alimentos a las zonas del país que tenía bajo control, los habitantes de estos pueblos sufrieron una seria hambruna. Los bebés concebidos durante la hambruna mostraron milagrosamente pesos de nacimiento normales, probablemente porque los cuerpos de sus madres instintivamente derivaron el alimento a los fetos. Y dado que la hambruna terminó con la caída de Alemania al año siguiente, a partir de ese momento los niños crecieron comiendo tan sano y abundante como cualquier otro niño de esa época en cualquier parte del mundo. Parecía que habían escapado a los efectos de la Gran Hambruna y no se diferenciaban de cualquier otro niño sano.

Pero algo sucedió. Según estos niños iban llegando a los 15-16 años, empezaron a mostrar el doble de incidencia de enfermedad cardíaca, y también mayor incidencia de cáncer, diabetes y otras enfermedades, en comparación con niños de la misma edad nacidos en otras zonas de Europa. Algo pasó en ese primer año de vida que condicionó su salud futura. Algo relacionado con su alimentación.

Leed, leed mucho.